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¿Sentimientos? Ya tengo, gracias

Ahora mismo parece que no paran de hacernos esa pregunta: ¿dónde están tus sentimientos? Se supone que la  sociedad del siglo XX y XXI ha sido la más expuesta al horror a través primero de la fotografía y después de la televisión y por tanto la más insensibilizada a la imagen del dolor. Susan Sontag en su ensayo “Ante el dolor de los demás” ya suscito el debate de si la imagen puede seguir impactándonos.

En la España actual (y no sé si será aplicable al resto del mundo) hay una continua búsqueda del impacto emocional. No hace falta irse a la cobertura informativa de grandes catástrofes como el terremoto en Japón o el tsunami de 2004. En programas tan vanos y vacios como los “salvames” también aparece ese deseo. Cuando hacen un primer plano de las lágrimas de la omnipresente Belén Esteban, todos sabemos que buscan que “acompañemos su lloro”.

Esto no supondría mayor problema si no hubiera inundado parcelas de la  vida humana en la que esa sentimentalidad puede resultar dañina. Sin apartarnos mucho de lo que ha ocurrido en Japón, me gustaría poner el ejemplo del debate sobre la energía nuclear. Este asunto tan serio no es ajeno a la persecución de la “lágrima fácil”. Eso se manifiesta en la continuas referencias a Chernobyl (y sus victimas) por los anti-nucleares  y sus afectados o la absoluta falta de análisis de las causas para centrase en los efectos (las potencialidades como hechos: Es que puede morir gente).

Eso que aparece en el periodismo o el debate más o menos familiar aparece en  muchos otros ámbitos como es el político e incluso en el educativo. Señoras y señores, yo tengo mis sentimientos. Solo que hay momentos y lugares dónde no conviene dejarse dominar ni por ni a través de ellos. Por eso os respondo: “Sentimientos ya tengo. Gracias”.

España campeona, yo perdedor

Nuestra bandera 

 No creo que haya nadie con acceso a un medio de comunicación que no se haya enterado que el 11 de julio del 2010 España gano su primera copa del mundo de fútbol. Lo que debería ser celebrado y compartido por el conjunto de españoles del mundo, algunos lo han aprovechado para cargar las tintas en contra del sentimiento de unión de una mayoría ante tal hazaña. No hablo de gente que estando dentro de España no se sienten españoles y les gustaría ser otra cosa. Hablo de aquellos que se empeñan en decir (y disfrutan diciendo) que ese sentimiento es indigno o propio de sociedades culturalmente inferiores.

Hace un tiempo que me encuentro con la sensación de que el pensamiento de “la vergüenza que me provoca España” es visto como algo moderno y positivo. El origen de este comportamiento creo que tiene que ver en la maldebida apropiación de nuestra bandera a manos de cierta derecha radical, intolerante y totalmente desfasada. El español que no apoya ciertos comportamientos propios del extremismo no reivindico como propio un simbolo que nos representa a todos.  Ante esa pasividad, esa derecha que nadie quiere ha teñido nuestra bandera de la lacra de la xenofobía y la violencia. Ante tal asociación, no me extraña que la gente no sea valiente para ponerla en sus balcones y ventanas si no es por algo de tal calibre como ser campeones del mundo del deporte más seguido en el mundo.

Después de explicar el tópico que creo que hay entorno al patriotismo en este país, os quiero mostrar una lista de lo que para mí representa mi bandera y el orgullo por ser español (o de cualquier otro país):

  • la capacidad de trabajar juntos por un objetivo común
  • ser capaz de reconocer los defectos de mi país
  • ser capaz de transformar esos defectos que encuentro en crítica constructiva y esfuerzo para arreglarlos
  • no ser complaciente ni conformista con lo que ocurre en mi país
  • no aceptar visiones extremistas ni distorsionadas a favor ni en contra de mi país

Me gustaría acabar con una llamada a la acción que en mi opinión solo puede nacer del orgulloso que ve que las cosas no van bien. Los españoles no estamos pasando una “buena racha” en muchos sentidos en estos momentos de crisis. La unión se dice que hace la fuerza y un modo de unirnos todos puede ser entorno a una cosa que todos tenemos en común: nuestro país y nuestra bandera. No dejemos que nos la roben y nos la manchen con cosas que no le son propias.

Quería dar las gracias a un tal zodier que a traves de tweets como este y este otro. Han dado cuerpo a mis ideas propias a través de la reflexión que he hecho a raíz de su lectura.